lunes, 14 de marzo de 2011

El Legado (Revista Tiempo 11.03.2011)

DE SER CIERTO QUE la sociedad no tiene respeto al periodismo, sino miedo o desprecio, hay, como mínimo, una excepción personal. Se trata de Iñaki Gabilondo, el periodista más reconocido y escuchado a todas horas y en todas partes desde que le privaron de su añorada tribuna en CNN+. Con motivo de la publicación de su libro, El fin de una época, se le reclama desde todos los foros y a todos atiende, de manera que su voz ha tenido especial repercusión en estos días, especialmente, para los que nos dedicamos a este oficio. Nos complace escuchar que el periodismo clásico sobrevivirá si logramos poner barreras éticas y unos principios inalterables para defendernos de la lógica empresarial que despide gente en función de rígidos intereses económicos. “La lógica del gerente se ha apoderado de la comunicación –dice Gabilondo-. Y esta lógica es fronteriza con la propaganda. Hay que tener cuidado, porque entonces el periodismo deja de tener una función social”. Por eso afirma que el mayor enemigo de la libertad de expresión es el paro y denuncia, además, los siguientes errores: la mezcla intencionada entre la verdad y la mentira; que se confunda el periodismo con la propaganda; que el mensaje más reiterado sea la búsqueda del éxito a cualquier precio; que los periodistas no dejen claro al oyente, espectador o lector, cuándo informan sobre hechos objetivos o dan su propia opinión.

Al margen de dichas valoraciones, hay otros aspectos positivos que aparecen también en su libro y le llevan a valorar su profesión como la mejor del mundo. Es un hecho que se vive el fin de una época, una situación crítica provocada por la revolución tecnológica y sus correspondientes efectos empresariales, pero aun así, Gabilondo no quiere dramatizar: “Está claro que hay un tiempo en el periodismo que se está acabando; formo parte de una generación de periodistas que ya hemos vivido mucho y toca retirarnos”. El papel que deja para los veteranos es contar sus experiencias a los más jóvenes y animarles a no rendirse para superar la desilusión y el desánimo. Lo mejor de Gabilondo es que se considera un hombre muy afortunado, no sólo, como él dice, porque tiene “la luz pagada hasta que me muera”, sino porque su trayectoria vital ha ido acompasada con el tiempo que le tocó vivir desde la primera línea de la Historia. Es cierto que ha sido un testigo privilegiado, desde sus múltiples funciones en radio y televisión, de los acontecimientos más importantes durante las últimas décadas del siglo XX y la primera del siglo XXI. Y eso es una inmensa suerte, pero se podría añadir, para completar la imagen, que su vida ha estado llena de dificultades dramáticas superadas con absoluta naturalidad y la máxima discreción, a pesar de lo cual no se le ha oído lamentarse. Pocos conocen ciertos detalles que nunca ha querido exponer a miradas ajenas. Ha defendido, en la misma medida, la libertad de expresión y el derecho a proteger la vida privada. Creo que en este aspecto puede predicar, mejor que nadie, con muchos ejemplos que forman parte de su intimidad.

Nativel Preciado
http://www.tiempodehoy.com/default.asp?idpublicacio_PK=50&idnoticia_PK=63137&idseccio_PK=630

No hay comentarios:

Publicar un comentario