martes, 5 de abril de 2011

El efecto contagio (Tiempo 01.04.11)

A PESAR DE LAS LAGUNAS informativas que existen respecto a las revueltas de los países árabes, hay una realidad y es que los jóvenes, hartos de miseria, injusticia y corrupción, se han levantado espontáneamente contra los tiranos que llevan décadas privándoles de las libertades más elementales. Existen temores de que hayan sido utilizados por intereses económicos y geoestratégicos sin identificar. Recordemos que cuando ardió Atenas, a raíz de la muerte de un joven estudiante griego abatido por los disparos de la policía, se atribuyeron a la mano negra de los recurrentes grupos antisistema las manifestaciones más violentas. Siempre que surgen desórdenes hay sospechas de manipulación. Lo cierto es que los jóvenes, desde el Magreb al Golfo Pérsico, coinciden con los del resto del planeta en los motivos que les llevan a expresar su indignación. La única diferencia, aunque no deja de ser importante, es que unos tienen la posibilidad de cambiar a sus gobernantes con métodos democráticos, mientras los otros sólo pueden recurrir a la violencia para arrebatar el poder a los sátrapas. Salvando toda clase de distancias, en lo referente al nivel de vida, las nuevas generaciones coinciden, por primera vez, en una cuestión fundamental: la falta de expectativas. Todos ellos viven en un mundo globalizado más inestable de lo habitual, inmersos en el caos económico, la precariedad laboral o directamente en el desempleo, con unos salarios de miseria y gobernados por una desprestigiada clase política que no sabe cómo acabar con la crisis. Los sentimientos de hostilidad hacia el entorno y la falta de esperanza en el futuro son comunes a los jóvenes de cualquier país. En España, el paro, que afecta a más del 40% de los jóvenes, la tasa más alta de la Unión Europea, es una razón añadida para una protesta que pretende impedir una serie de medidas por las que se sienten agredidos, y que han reunido en el manifiesto que aparece en www.juventudsinfuturo.net. Denuncia problemas tan concretos como: la reforma laboral que, según su interpretación, les convertirá en trabajadores precarios para toda la vida; la reforma del sistema de pensiones, cuyo retraso en la edad de jubilación les impide aún más encontrar un puesto de trabajo digno; la dificultad para acceder a la vivienda; las deficiencias de la educación pública, que apuesta más por la rentabilidad privada que por la formación y el conocimiento; las trabas de acceso a la universidad y la degradación de la formación profesional. Estos y otros asuntos menos precisos alimentan su indignación y les llevan a arremeter contra los culpables de un modelo de crecimiento económico que ha generado la crisis: los mercados y las élites políticas. Y añaden, además, que las movilizaciones son tan indispensables en España como en Italia, Francia, Grecia, Islandia o las de esta semana en Londres, donde se ha producido la mayor protesta de los últimos veinte años. El ejemplo de la rebelión de los jóvenes árabes se extiende más allá de sus límites geográficos.

Nativel Preciado
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